Daniel llama a la puerta número 32. Laura mueve el pomo y se asoma poco a poco mientras abre la puerta de su casa. Al final se da cuenta de que es su amigo Daniel, pero no por eso quita el cerrojo que siempre deja puesto, así que se dispone a saludarle a través de la pequeña abertura que queda limitada a presión. Primero Laura mira hacia abajo y dice Hola a Daniel. Intenta no mirarle a la cara y el chico se preocupa. Te pasa algo? pregunta con condescendencia. La chica gesticula con la cabeza y le da a entender a su compañero un no como respuesta, pero momentos más tarda se empieza a reír a carcajadas. No puedo creer que al final fueras a ese programa de mierda!, te vimos toda mi familia y no podíamos parar de reír, Laura sigue hablando entre risas, Fue muy bueno verte ahí haciendo el tonto, intenta tomar aire acabando las últimas risas y se calma. Yo pensaba que no podría caer más bajo y mira..., pero por lo menos ya tengo lo que necesitábamos, mira. Daniel abre la cartera donde quedan medio escondidos dos rollos de billetes de todos los colores conocidos. Por la expresión de Laura, se calcula que es mucho dinero, y poco a poco levanta la cabeza, Estás loco Dani, pensaba que no lo decías en serio. Daniel se queda callado y asiente. No puedo tío, ya sabes que a mi padre no le gustaría, no puedo desaparecer así como así, y la chica mira hacia los lados intentando comprobar que nadie la oye. Pero de repente suena una mano de un joven enfadado golpeando bruscamente contra la puerta. PAM!. Dile a tu padre que salga si tiene huevos! Estoy harto de oír siempre la misma excusa Laura!. La joven ya no sabe donde meterse e intenta contener las lágrimas, aunque tiene la seguridad de que el cerrojo de la puerta puede aguantar ese manotazo tranquilamente, protegida detrás de la madera. Dentro de la casa se oye una voz preocupada, No es nada papá, ha sido el viento, dice Laura. Cuando se gira ya es demasiado tarde para detener a su compañero. Daniel arrea un patadón en el centro de la madera y el cerrojo salta por los aires hasta golpear en la puerta de la nevera, a cuatro metros de distancia de la entrada. Daniel, rabioso, irado e incontrolable camina recto hacia donde quiera que esté el padre de Laura para cantarle las cuarenta y enseñarle su puño. Atraviesan los dos el pasillo y llegan al comedor donde el hombre estaba. Por suerte o por desgracia ese día Daniel no libró ninguna pelea, ni física ni verbal.
El padre de Laura era un señor ciego que empuñaba su bastón hacia el aire mientras el pulso le temblava. Donde estás cobarde?, te puedo oír. Daniel está inmóvil, delante de él, intentando no respirar. Laura le coge de la mano y lo empuja de vuelta hacia el pasillo y hacia la puerta de entrada que ahora estaba del todo abierta. Daniel se aleja pero no deja de mirar al padre de la chica, anda hacia atrás arrastrado por su compañera, para asegurarse que el ciego no empezará a dar bandazos por toda la casa y le alcanzará.
Daniel y Laura vuelven a su punto de partida, ella dentro y él fuera de la casa. Se miran, están demasiado serios para decirse nada. Al momento, Daniel empieza a sacar humo por la boca, pues se da cuenta que la semejante tontería que acaba de hacer le costará más que todo el dinero que tiene en la cartera. Y pensando en el dinero, en la cartera, en ese estúpido programa de televisión al que tuvo que ir para poder ganar la 'libertad' de Laura, de repente dice, Antes mes has dicho que toda tu familia había visto el programa. Laura se queda pensando, y al momento le responde, No, todos no. Daniel y Laura empiezan a reírse desmesuradamente, sin poder parar, lloran y ríen. Parece todo hecho expresamente para ese momento juntos, riéndose con el cerrojo roto y la puerta abierta de par en par.
divendres, 15 de maig del 2009
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